Crónica THE COURETTES La Casa del Loco (9.07.26)

De la mano de Antípodas Producciones, el dúo danés-brasileño The Courettes aterrizaba por segunda vez en Zaragoza para asaltar el escenario de La Casa del Loco. Lo hacían con ganas, ímpetu y, todo hay que decirlo, con el retraso ya habitual que suele arrastrar esta sala.

Flavia y Martin salieron decididos a contagiar su energía rockera desde el primer acorde. Sin embargo, el arranque se sintió algo frío: la floja asistencia se hizo demasiado evidente en un espacio como este, y los primeros temas sonaron un tanto encajonados. Al técnico de sonido le costó tomarle la medida a la acústica, aunque ya es bien sabido que esta sala es una plaza complicada. A pesar de ello, las iniciales «You Woo Me», «The Boy I Love» y «California» no tardaron en transportarnos en el tiempo, evocando de inmediato el inconfundible muro de sonido de Phil Spector y la magia de The Ronettes.

A partir de «Until You Are Mine», la maquinaria empezó a engrasarse. La música cobró fluidez, los ritmos bailongos infectaron al público y Flavia demostró ser una frontwoman magnética, desenvolviéndose con una solvencia brutal en su papel multitarea de voz solista y guitarra principal. A su lado, Martin exhibió una pegada demoledora a la batería, construyendo una base rítmica tan sólida que por momentos invocaba el espíritu de los mismísimos Ramones.

Con «Better Without You», la guitarra garagera de Flavia terminó de atrapar al personal. Y es que el gran mérito de este dúo es cómo despachan con absoluta solvencia una batidora de estilos que transita sin despeinarse por el pop, el swing, el rock and roll primigenio, el garaje, el psychobilly y el punk.

El termómetro de la noche estalló con «Boom Dynamite», uno de los grandes momentos de la velada, con Flavia subida a una de las barras del local disparando ráfagas de distorsión con su guitarra mientras Martin envolvía la sala en unos ritmos selváticos e hipnóticos. Pero el clímax absoluto llegó cuando la guitarrista se lanzó en volandas sobre un público entregado que la paseó por la sala, mientras ella seguía deslizando los dedos sobre las cuerdas con una mezcla perfecta de fiereza y elegancia.

En definitiva, un concierto vibrante que dejó un gran sabor de boca a quienes decidieron apostar por la música en directo.

Recordad que hay que ir a conciertos, aunque no conozcamos a los grupos o el estilo no sea nuestro favorito. ¡Salud!

Redacción y fotografía: Jon Discofagia

 

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