Crónica LIAR THIEF BANDIT en Zeta de Binéfar

En estos días en los que llueven cancelaciones por la escasa venta de entradas anticipadas,  cuando los grandes dinosaurios del Rock se lanzan a la carretera como posesos, sin nuevo material a la vista, pretendiendo llenar grandes estadios a precios poco accesibles, a tres locos suecos no se les ocurre otra cosa que, sin pensárselo dos veces, agarrar los bártulos y meterse entre pecho y espalda, en poco más de una semana, una gira por el norte de España, en ciudades tan netamente rockeras y destacadas en el circuito de giras como Guadalajara, León, Torredembarra o Binéfar, cita que nos ocupa hoy.
Sencillamente, acojonante, dicho con el mayor de los respetos a las ciudades anteriormente citadas.
Con un par, quiero decir, med ett par,…

Mike, William y Niklas se han embarcado este final de Noviembre en su particular asalto a la península con lo puesto, sus cuatro trabajos discográficos hasta la fecha, incluido su reciente Diamonds de finales de septiembre, y unas ganas de prender fuego a las salas que les acojan que da miedo.
Curiosamente, unos fríos suecos han tenido que venir a calentar las frías noches españolas de este gélido otoño,…
Y curiosamente también, a mitad de la gira se confirmó que la misma añadía una fecha más, Fuenlabrada, señal de que el boca a boca corre como la pólvora, y la buena impresión que dejaron el pasado sábado 19 en Binéfar, comprobamos que es general.

Noche fría, como decíamos, enmarcada en la fiesta de El Rockodomo, y pasada la medianoche, Liar Thief Bandit hacían aparición sobre las tablas como un vendaval, con la intención de  calentar el ambiente descaradamente.
Porque lo suyo es descaro, calor y una actitud punk de libro, no tanto en la música, pero si en la forma de enlazar los temas casi sin descanso y a piñón.
Abriendo fuego con Peace With Disaster, tema que abre su último Diamonds, los temas se sucedieron casi sin descanso ante el regocijo de los asistentes. Tres músicos de alto nivel solos frente a un respetable que dudo mucho que conociesen todos sus temas, pero al que lograron meterse en el bolsillo a base de actitud, una calidad musical innegable y un espectáculo visual, dentro de los límites que una sala pequeña como Zeta puede ofrecer, arrebatador.
A falta de un espectacular juego de luces, el bueno de Mike supo suplirlo con innumerables solos de guitarra a pie de pista, rodeado de las primeras filas, e incluso haciendo varias incursiones al fondo de la sala para animar a los que tenían más querencia a la barra.

Brand New Day, Good Enough y Deadlights fueron las escogidas para continuar la fiesta, trio de temas pertenecientes a su tercer trabajo, Deadlights. Primer momento de tensión, y es que a Niklas se le hacía pequeño el escenario y no se le ocurrió mejor idea que subirse sobre una de las mesas de la sala y machacarnos desde las alturas con su atronador bajo. Quién dijo que la agilidad y el Rock estuviesen reñidas,… Tremendo trabajo el del amigo Niklas durante toda la descarga, junto a la bestia escondida de William tras la batería, si no que se lo pregunten a un compañero de la primera fila que tuvo la suerte de pillar al vuelo una de las baquetas que, seguramente por golpear despacito, salió disparada tras una de las pegadas del bueno de William,… Bolo de alto riesgo, podría considerarse.

La fiesta siguió con otros dos temas de Deadlights, como fueron ‘Cept The Truth y Limitations.
Segundo punto crítico de la noche, y es que el piloto de la reserva del suministro de cerveza sobre el escenario se iluminó, y Niklas, entre bromas, anuncio que «No beer, no show«, a lo que el personal de la sala respondió en tiempo record, suministrando tres enormes jarras de oro líquido entre el jolgorio general. Puro rocanrol y fiesta.
On My Way nos trajo de vuelta su segundo trabajo, Straight Ahead, y optaron para esta noche por Tambourines and Tangerines para acercarnos su trabajo debut, Gun Shovel Alibi, de 2016.

La noche parecía llegar a su fin con Better Days, pero tras un amago de retirada, Take It, de los noruegos Gluecifer, ponía patas arriba la sala Zeta, entre carreras de Mike al fondo de la misma, Niklas exprimiendo su bajo hasta límites insospechados y William haciendo temblar los cimientos de la sala. Mientras, nosotros, alucinando, guardando las imágenes de lo acaecido en nuestras retinas.
Porque, mañana, cuando veíamos el nombre de Liar Thief Bandit colocado en la parte alta de los carteles de cualquier gran festival, siempre podremos decir que los vimos, y los tuvimos, a un palmo de nuestras caras, reventando nuestros oídos y dándonos la vuelta como a un viejo calcetín.

Noche para el recuerdo, noche de Rock, actitud punk y actitudes que hay que alabar.
Y, lo más importante, en casa.
Y es que, cuando una joya así se pone a tiro, no hay que dejarla escapar,…

Redacción: Carlos G. Citoler

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