Crónica TIERRA SANTA en Zaragoza (10.1.25)

Tierra Santa vuelve a quemar la carretera. Y, como siempre, una parada obligada en el camino de la banda riojana es Zaragoza. En esta ocasión el concierto fue en La Casa del Loco. Dimensiones más pequeñas, pero una mayor sensación de bullicio y presión que se notaría más adelante en algunos temas que hicieron temblar las columnas de la sala.

Sin más escenografía que una tela de fondo, el quinteto salió puntual y comenzó con “Un viaje épico”, tema homónimo del nuevo disco que salió hace apenas mes y medio, a finales de noviembre. De aires muy melódicos, dio paso a la hardrockera “Rumbo a las estrellas” cuyo estribillo comenzó a hacer vibrar a la audiencia. Este tema ha sido recuperado en las últimas fechas en los set lists de Tierra Santa y parece una inclusión bastante acertada en el inicio de los conciertos. “Por el valle de las sombras”, de su anterior disco “Destino”, sonó in crescendo para terminar con su magnífico estribillo, demostrando que solo hace falta un poco de tiempo para que en directo los temas nuevos tengan una gran acogida. No obstante, para acogida tremenda la que tuvo “Indomable” que supuso el primer trallazo de la noche. Tierra Santa tiene una amplia colección de clásicos con los que llenar salas y meterse al público en el bolsillo e “Indomable” es sin duda uno de ellos, a juzgar por el resultado de la ejecución y la entrega del público.

Para rebajar un poco la temperatura, “Ícaro” hizo volar el show por los derroteros melódicos del último disco. Una pieza cargada de emotividad que sonó realmente bien. “La sombra de la bestia” fue el siguiente tema en caer, una canción que es pura fuerza sobre todo en los solos a cargo de Dan y Ángel, que se solapan realmente bien. La dupla de guitarras de Tierra Santa es sinónimo de calidad y espectáculo, especialmente en los temas más antiguos en los que había mayor presencia de riffs puramente metaleros y solos rápidos.

“Pegaso” y su corazón de leyenda es otro de esos temazos imperecederos que no pueden faltar en un bolo de la banda riojana. La prueba es contundente, pues el público de nuevo se vino arriba y coreó su letra al unísono, de principio a fin. Más clásicos, en esta ocasión a cuenta de “Apocalipsis” y “Tierra de leyenda”. La acogida de esta última siempre es espectacular, y no es para menos. Combina el ritmo endiablado con los solos desbocados y la fuerza tremenda en la batería de Álex y el bajo de Roberto.

Una constante en la carrera de Tierra Santa ha sido su fascinación por el mar y la inspiración que les ha supuesto en sus canciones. Como muestra de ello, nos deleitaron con la delicada y sensible “El canto de las sirenas”. A partir de aquí, el quinteto riojano metió el turbo de manera incuestionable y las revoluciones subieron progresivamente. “Drácula” fue la primera piedra de toque de ese acelerón. A renglón seguido, “Sangre de reyes” hizo saltar a la Casa del Loco y “El bastón del diablo” supuso una parecida explosión de júbilo entre los asistentes. A continuación, volvemos a la afinidad de Tierra Santa con el mar con la melódica y de redonda letra “La leyenda del holandés errante”. Antes de un breve receso, el quinteto acometió “El laberinto del minotauro”.

Aunque la selección de temas hasta el momento había sido prácticamente perfecta, la audiencia quería más y todavía lo mejor estaba por venir, como siempre en los conciertos de Tierra Santa. El show estaba siendo sensacional, con la banda disfrutando cada momento, con un sonido potente y nítido y un público muy entregado que convirtió La Casa del Loco por momentos en una caldera. Escasos instantes después de abandonar las tablas, reapareció el quinteto para comenzar un extenso bis con la coreadísima y excelsa “Alas de fuego”. “La momia” y “Nerón” sonaron contundentes y dieron paso a la apoteosis final.

De la misma manera que todos los caminos llevan a Roma, todos los conciertos de Tierra Santa llevan a “Legendario” y a “La canción del pirata”. No puede concebirse otro final. La banda lo sabe y la audiencia lo sabe. Y manos a la obra. “Legendario” es un tema de factura clásica. Gran peso de la música, ritmo pegadizo, solos alborotados y estribillo que invita a desgañitarse. Sonó espectacular y la sala entera lo disfrutó, tanto como los propios músicos. Y como todo tiene su final, “La canción del pirata” fue cantada de principio a fin por toda la sala. La adaptación que la banda riojana hace del poema de Espronceda de hace casi dos siglos es digna de elogio. Siempre suena épica, emocionante y heroica. El mejor colofón posible para una noche sobresaliente en la que Tierra Santa dio un repaso a su extensa carrera mostrando por qué año tras año mantiene un público fiel allá donde vaya. Servidor ha visto casi una decena de veces a Tierra Santa en los últimos veinte años y esta, sin duda, ha sido la mejor. La banda funciona a las mil maravillas y está en un gran estado de forma. ¡Por muchos años y hasta pronto!

 

Redacción Mario Ariza
Fotografía: Trovador Fotografía

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