Ese instante finito y especial, en el que una idea entra a formar parte del mundo por medio de la música.

Tristemente quiero hacer una reflexión:

Mi ciudad apesta.
Me considero una persona trabajadora, constante, alegre, positiva, y con imaginación. En la empresa en la que trabajo, todas esas cualidades son remuneradas tanto emocional, como tangiblemente. Eso me da de comer, y me alegra más de una tercera parte de mí día a día.
El resto de mi tiempo, lo dedico a satisfacer mis necesidades personales, entre las que sin ninguna duda se encuentra dar rienda suelta a mi creatividad, y el afán por compartir ideas y poner la carne en el asador junto a otras personas para materializar ese instante finito y especial, en el que una idea entra a formar parte del mundo por medio de la música.

En las esferas públicas eso no se valora. El aborregamiento que desde hace años y por medio de los sucesivos cambios del plan educativo nacional, están empezando a dar su frutos de manera incondicional. Solo prima seguir el patrón establecido. A todos los niveles.

La escena musical española, es un recipiente de ponzoña revenida en el cual, y siguiendo los patrones de todos los sectores nacionales, se busca única y exclusivamente  tener un resultado económico positivo. Con la gran salvedad de que la música es arte, y arte es cultura, y la cultura se debe alimentar con la imaginación, algo que desgraciadamente debemos utilizar además de para crear cultura, para tener un ingreso económico  a fin de mes y no morirnos de hambre.

Y todo esto, ¿por qué lo escribo?

Porque estoy triste. Estoy defraudado, decepcionado y de mal humor por ver que las esferas políticas de mi nauseabundo país, están a todas luces y a todos los niveles corrompidas.
Acabo de ver el cartel de las Fiestas del Pilar 2018. Los conciertos, como integrante de dos grupos de música de mi ciudad Zaragoza, han sido lo primero que analizado. El gran problema, y el total de mi frustración viene cuando leo los conciertos de Rock,  y de metal ..

Lo que leo me rasga el alma. Nueve días de conciertos, 33 grupos de música de los cuales 13 son tributos. Tributos a la creatividad de otra persona, de otro grupo. Y pagamos por ver tocar en un escenario a cinco o seis desconocidos , que reproducen el exitoso material musical de otros cinco o seis tíos creativos, que pudieron ganarse la vida materializando ese instante finito y especial, en el que una idea entra a formar parte del mundo por medio de la música.
Mientras tanto, grupos alucinantes, con los que disfrutas acorde tras acorde, con los que te ríes, o con los que te evades en tus momentos más íntimos, se quedan fuera de los grandes escenarios de unas fiestas patronales, que a todas luces siguen los patrones vulgares  y corruptos de las escenas políticas de nuestro país, donde lo que se premia es la  ineficiencia y la mediocridad.

Estoy triste, decepcionado, horrorizado por el curso de la historia musical española, que lamentablemente, tendrá un paréntesis en su línea histórica, donde el hacer dinero pudo con la frescura, la ilusión y las ideas de mentes creativas.

Miluken

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *