Reseña ASTORG «…And Yet, The River Will Flow»

Silencioso, sin hacer ruido, como el continuo avanzar de la Madre Naturaleza, Astorg se ha ido colando, filtrando, entre la avalancha de música que puebla nuestros reproductores día a día. Gota a gota, desde el pasado septiembre que ya podíamos tener acceso digital a «… And Yet, The River Will Flow», Víctor Navaz «debutaba» con un trabajo que desde su portada al sonido del firme discurrir del agua que lo cierra, es un viaje en el tiempo en toda regla.


«Debut» muy entrecomillado, porque de sobra es conocida la historia que une su nombre con el de Empty, desde sus inicios como quien dice, estando también presente en «Omnia Amet Loren», última joya que nos ha llegado de la banda, aunque esta vez ya como colaborador.

Víctor, Astorg, se ha encargado de todo lo que podemos escuchar en «…And Yet,…», en una obra que comenzó a gestarse en el 2020 en su propio estudio, y dos años después, estaba lista para que Santi Capote se encargase de la mezcla y el máster en The Punch Studios.
Por su parte, Darkwoods, a través de su filial The Order Of The Yew, y Mystic Art Productions se han encargado de poner el trabajo en circulación en formato físico, en CD y Tape, respectivamente.

Como comentábamos, el viaje que propone Astorg empieza ya con la evocadora portada, coronada por el enrevesado logo de la banda, obra de Carlos Muñoz en sus UG Visions Art.
La naturaleza pura, alejada de la mano del hombre, se filtra por los surcos de un trabajo en el que, tanto portada, títulos de los temas, logo e incluso nombre del proyecto (que hace referencia a uno de los picos que forman parte del Macizo de la Malagueta oscense), pretende trasladarnos, y lo consigue, a un futuro no muy lejano, por desgracia para nuestra especie, en el que nosotros mismos habremos sido nuestro peor enemigo,  nuestro más feroz depredador.
Un tiempo en el que nuestro fracaso como especie, nuestra arrogancia e infantil orgullo solo sean un remoto recuerdo del pasado para una Tierra que, lenta e inexorablemente, nunca ha dejado de girar, por mucho que hayamos creído que en alguna ocasión, nosotros éramos los que manejábamos el timón.
Tiempo en el que las ráfagas de viento que abren The Wind Wistles Amongst The Ruins, evocador título, recorren un asolado paisaje libre ya de obstáculos artificiales creados por la mano del hombre. Ráfagas que son dibujadas por una guitarra acústica que manda sobre la eléctrica en este primer tema, y que a duras penas pueden cubrir el ambiente de desolación que Víctor teje de fondo con unos efectivos teclados. Aires flamencos pueblan un tema de apertura en el que la fuerza del viento es el protagonista, jugueteando con las cuerdas de unas guitarras que se arquean a su merced, con las ruinas de nuestra especie como telón de fondo.

Ráfagas de viento que preceden a una tormenta en la que el agua, nuestro Alfa y tal vez nuestro Omega, se precipita desde un cielo harto de haber sido durante demasiado tiempo morada de falsos dioses.
Una lluvia que trae la triste melodía de «… As The Trees Take Their Ground», melancolía a las seis cuerdas convertida en una historia que los viejos arboles, cronistas de todo lo acontecido en la era del hombre, relatan con pesar. Aquí el alegre discurrir aflamencado de las aguas queda relegado por el triste blues de una guitarra apesadumbrada, relatando la crónica de lo que pudo haber sido y no fue, por la arrogancia y soberbia de quienes ayer jugueteaban bajo sus ramas, como eternos niños. Esa misma rabia que los propios cronistas, esos eternos bosques maltratados hasta la saciedad, han acumulado durante décadas se vierte en forma de lamentos eléctricos mientras a lo lejos, al final del camino, un piano juguetea ajeno a todo lo ocurrido, como lo hemos estado nosotros, mientras la rueda nunca ha dejado de girar.

Ya tarde, una vez arrasado todo mundo conocido por el hombre, The Unwitnessed Dawn nos trae un amanecer vacío, pero mas lleno de vida que nunca, una vez eliminado el mayor de los depredadores. Una soledad que se transmite a través de una guitarra acústica sobria, vacía de ira ya, a través de la cual todavía podríamos percibir la triste regañina hacia un hijo que se volvió contra su propia Madre, si no fuese demasiado tarde. Reprimenda cariñosa y triste de una Madre que, como siempre, tenia razón y aun así, nosotros optemos por desoír sus consejos. La ira de la guitarra electica no tiene sitio en un tema apagado, triste, melancólico y apesadumbrado, en el que una Ella llora ante la perdida de lo que fue su hijo, tierra de su tierra, agua de su agua, en quien tantas esperanzas puso, y a quien en tantas ocasiones advirtió de sus errores.

Continua lloviendo, y el continuo ciclo de la vida sigue en Homage To The Pouring Rain, donde la guitarra acústica y la eléctrica juguetean mas alegremente dando forma, quien sabe, a la venida de una nueva especie, un nuevo parto para una Madre deseosa de curar sus heridas. La luz llega en esta ocasión de una guitarra eléctrica que reclama su protagonismo, una vez agotados los reproches anteriores, recordando que junto al agua que nos trae el continuo transcurrir de su hermana clásica, la luz es otro de los ingredientes imprescindibles para que la nueva vida nazca.

Al final, el transcurso de un río puede modificarse a la fuerza, creyéndose mas fuerte que él, pero la aguas siempre acaban volviendo a su cauce natural. «The River Flows, Unpretenious. But Reigning» es clara muestra de ello, siendo el tema mas extenso del trabajo y en el que queda claro que la eternidad del tiempo es algo que la humanidad nunca llego a comprender, lanzándose a un final prematuro por no disponer de tiempo para vivir. El sonido del continuo transcurrir de las aguas nos da la bienvenida a un tema en el que las guitarras clásicas vuelven a vestirse de fiesta y decoran sus melodías con alegres juegos acuáticos, mientras que los toques eléctricos se mantienen en un segundo plano, tomando protagonismo en momentos muy puntuales para traer esta vez luz y no reproches. Ya no hay sitio para ellos, pues ya nada queda por reprochar. Tranquilo y juguetón, como el cauce de un joven rio, el tema y el viaje a la casilla de salida que nos propone Astorg llega a un fin que no es otra cosa, que un nuevo comienzo,…

Redacción: Carlos G. Citoler

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