Arribamos al poblado a la hora en la que el sol desistía en su intento por reinar, y las primeras sombras de la noche afilaban sus colmillos en busca de carne fresca. Los ocho ambaxtois nos salen al paso, sabedores de nuestra presencia en sus tierras mucho antes de que nosotros tuviésemos localizado el poblado. Buenos cumplidores de las tradiciones de su pueblo, entre ritmos tribales e hipnóticos juegos corales nos hacen entrega de suMAS INFO