Crónica TERMINAL VIOLENCE y VENALITIA Sala Utopía (16.5.25). «Terminal Violence desata el ‘Moshocalypse’ en Zaragoza»

Fue una noche de viernes para quemar zapatilla en la Sala Utopía, con un vendaval de riffs, actitud thrasher y rabia que descargaron Terminal Violence en una noche que hizo disfrutar a quienes se dejaron arrastrar por la brutalidad de su directo.

Para ir calentando el ambiente y los cuellos, abrió la noche la banda local de hard rock / thrash Vernalitia, formada en 2014, presentando también su primer álbum de estudio “Columnas de Humo” editado este año.

Arrancaron con “Decreto Divino”, con un sonido rotundo y cambios de ritmo. Fueron desgranando su LP, pasando por la  reivindicativa “Columnas de humo”,  la mas oscura y densa “Terror”, con Eduardo rasgando la voz mientras grita Tu cielo arderá!, la hardrockera “Cárcel de Cuero”, con una contundente línea de bajo ejecutada por Pablo (mi favorita de su setlist), o la emotiva balada “Luz Eterna”, que provocó que algunos de los presentes sacaran el mechero (o la luz del móvil). Arrancó con una genial introducción de la guitarra principal ejecutada por Pablo  mientras se van añadiendo el resto de instrumentos hasta llegar a la voz, pasados casi 2 minutos.

Para cerrar su mini actuación, eligieron “Cleopatra”, con un  potente arranque, un largo y genial solo de guitarra, y una batería, a manos de Oscar, atronadora con su doble bombo. Es su canción destinada a hacerse fija en sus futuros setlist.

Una buena actuación, técnicamente sin reproche alguno y derrochando simpatía y buen rollo de todos sus miembros de principio a fin,  si siguen por este camino,  se les augura un buen futuro.

Tras los cambios de rigor de backline, y con mas de media sala llena, se preparaban para saltar al ring, Terminal Violence. La banda barcelonesa, que lleva varios años labrándose  un nombre en el panorama del metal español, presentaba por fin  en nuestra ciudad su primer largo, Moshocalypse, publicado en 2024, que es una declaración de guerra de 14 cortes que no deja prisioneros, y lo hizo como mandan los cánones del thrash Old School: con los puños en alto, el volumen al once y las cervicales al borde del colapso.

Casi llegando a las once de la noche, sin presentación ni florituras, solamente con un aviso de alarma antiaérea, comenzó la descarga sónica con “Instinct Suppressor”, un tema que define con precisión lo que es Terminal Violence. Rápido, directo, con riffs que cortan como un cuchillo jamonero  y una batería presidida por Héctor que parece una bola de demolición, sin desviarse ni un solo golpe de baqueta. El público, que desde el primer segundo ya estaba con ganas de fiesta y mover cuello, respondió como se esperaba: con pogos, empujones, y una entrega total.

La segunda de la noche, “Wild Beast” no tardó en llegar para mantener la tensión al rojo vivo. Con una estructura más agresiva y un estribillo coreable, se convirtió en una de las favoritas de la noche. El título no engaña: es una bestia salvaje hecha canción, y en directo te hacer desatarte. Durante los pasajes más veloces, estalló la locura con un circle pit alrededor de los 2 guitarristas  que se animaron a  bajar al medio de la sala,  siendo un momentazo para recordar.

Como tercer tema, llegó “Zombie Mosher”, el himno por excelencia del grupo a día de hoy que ya se ha ganado un lugar especial entre los fanáticos del moshpit. Con un ritmo machacón, estribillos asesinos y un groove que invita al caos, el tema convirtió la sala en zona de combate. Es su gran hit, su grito de guerra, y el público lo entendió perfectamente: nadie se quedó parado.

La siguiente granada de mano fue “Fuck the System”, con la que el quinteto sacó su vena más combativa. Una declaración de principios que suena igual que lo que predica: sucio, cabreado, con actitud y con una letra que escupe verdades como puñales. El riff inicial, acompañado del grito de guerra “¡FUCK!”, fue suficiente para sacudir a los presentes.

Sin anestesia empezó a sonar el riff de “Burial of Thought” , feroz tema de  su EP “Warhole”, que sirvió para ofrecer un cambio de dinámica, con una estructura armónica más compleja y unos geniales  cambios de ritmo que aportan un respiro al quinteto.

“Soldiers” volvió a levantar los puños en alto con una marcha de guerra thrasher. Una canción que suena espectacular en directo. El doble bombo de Héctor y los riffs sincronizados de Edgar y Pal dan forma a una composición  poderosa, que podría haber sonado perfectamente en cualquier Warm Up de los cuatro del Bay Area Thrash . A continuación, el grupo abordó “Smart is the New Dumb”, otro de los cortes clave del nuevo álbum. En el disco colabora Guillermo Izquierdo, vocalista de Angelus Apatrida, aportando su gutural característico. Aunque no esté presente en directo, la banda logró mantener la intensidad intacta, con un Tolo pletórico al micro, repartiendo rabia y sarcasmo por igual.

Sin tiempo para beber un trago, empezó a sonar “One Step to the Front”, que empujó a los asistentes hacia el escenario, como sugiere su título. Aquí la banda mostró su capacidad para combinar velocidad y ritmo con una ejecución impecable. La guitarra solista se brilló especialmente, desplegando melodías que cortaban la brutalidad con filigranas técnicas muy bien ejecutadas.

“Sound the Alarm” sonó como una verdadera sirena de alerta. Una de las joyas del disco, con un riff inicial que se te clava como una daga. La batería entra con todo y el bajo de Miquel sostiene una línea potente que la notas retumbar en el estómago. El público respondió con mosh, saltos y un aluvión de puños en alto. Es uno de esos temas que parecen escritos para abrir conciertos, aunque aquí funcionó perfecta como ecuador de la actuación.

Como homenaje a los “padres” del thrash, la siguiente del setlist fue una versión atronadora del “Into the Pit” de Testament, que fue grabada en estudio,  para una recopilación con fines benéficos. No es fácil enfrentarse a un clásico del thrash sin parecer una banda tributo, pero los barceloneses lo hicieron como propio, manteniendo el respeto al original mientras le añadían su toque personal. Fue una descarga reconocida por todos, que provocó uno de los moshpits más salvajes de la noche.

Con “Seeds” la banda volvió a su material propio, apostando por un tema que mezcla contundencia con mensaje. Habla de plantar ideas, resistir, luchar desde lo individual. Tiene un groove muy marcado, ideal para mover los pies. Una canción con alma, que en directo crece aún más.

Ya cerca del final, “Slaves of Greed” funcionó como un mazazo en forma de lírica contra la codicia y el poder. El bajo se volvió protagonista, arrastrando consigo a una guitarra de Edgar, puro nervio durante todo el bolo, sin parar ni un instante, y una batería marcial y precisa.

La crítica social estuvo presente en varias canciones durante la noche, pero aquí se materializó con especial contundencia. La banda no solo hace ruido: tiene algo que decir.

“All Hail Zyon” elevó aun más el ritmo cardíaco entre los fans, que comenzaron una locura de pogo. Una composición intensa, con una atmósfera densa y una energía aplastante repleta de riffs duros, un estribillo destacable y un final apoteósico.

Y cuando parecía que todo había explotado ya, “Riddle of a Nightmare” llegó como bis y epílogo final para cerrar la noche. Un tema oscuro, denso, perfecto para dejar a la audiencia reflexionando mientras digiere el show que acaban de presenciar.

Terminal Violence no vino a hacer amigos. Vino a aplastar y ganar adeptos para la legión del thrash, y lo dejaron claro desde el primer acorde. Lo suyo no es nostalgia ni revivalismo: es thrash metal de nueva generación, sin filtros, con sangre en las venas y calidad técnica.

Con este primer larga duración se han ganado pelear por un sitio en la primera línea de fuego del metal estatal. Ellos siguen con su gira, pero Zaragoza ya puede gritar bien alto: Sobrevivimos al moshapocalipsis… y queremos más!

Redacción y fotografías: Javier Sesma

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