Crónica KUTXI ROMERO (6 Febrero – Binéfar)

Crónica KUTXI ROMERO (6 Febrero – Binéfar)

Con paso marcial se aproximan el maestro Romero y sus secuaces al filo del escenario, cinta de medir en mano, haciéndonos saber que, aún manteniendo las necesarias distancias de seguridad, venían dispuestos a agarrarnos de los ventrículos y reventarnos el corazón a versos.

Y como para conocer a alguien es necesario saber de quién es, Vengo del Mercado sirve de presentación a un trío que no la necesita, pero la educación, ante todo.
Con un sonido cercano y cálido, llenando la enorme sala tan solo con tres guitarras y un corazón, desde el primer tema queda patente que Berroizar había puesto aquella tarde una pica en Binéfar.

Que el maestro no se muerde la lengua, al diablo gracias, ya no sorprende a nadie, pero que tras más de treinta años  cantando lo que tú no quieres ver, con Mierda en las Tripas y verdades en la garganta, alegra escucharle de nuevo, tras todo el serrín acumulado a sus espaldas y muchas noches perdiendo.

A falta de bebidas espirituosas, buenas son la Nicotina y Alquitrán, con un gran trabajo de la dupla Juanito Lorente – José María Marco Pete, supliendo con creces ese saxofón que tanto nos gusta en el trabajo en estudio.
La locomotora va tomando velocidad, y se ve venir que cada parada traerá una nueva historia que llorar.

Un temido Silencio nos asola el alma y nos trae a la memoria a la eterna Aurora Beltrán, con uno de sus temas más sentidos, recordando a los que por sí solos ya no pueden hacerlo y llevan el olvido tatuado en su mirada.
Impresionante y sentida versión y homenaje a un pasado que, nosotros que podemos, siempre deberíamos recordar.

No podemos con tanto grano y tantas emociones y los maestros siguen acortando la distancia de seguridad y acercándose Como Quién Pide Tabaco, regalándonos poesía y gironés de su alma para remendar la nuestra.
Nunca una voz cazallera vestida de nylon y palisandro sonó tan triste.

Subimos a bordo y la primera Marea de la noche nos crucifica con Los Mismos Clavos, una joya de los navarros que en directo y en acústico nos graba a fuego en ojos vidriosos que nuestra casa está dónde está ella, los mismos clavos,   el mismo ataúd.

Sin dejarnos levantar del suelo, y recordando la muerte en vida del pobre Juan Simón, La Sangre Llega Hasta el Cielo y vuelve a desnudar nuestras vergüenzas y miedos más íntimos.
Del dolor más perro que pueda imaginar un insensato progenitor nace una nana a la ausencia, vomitada por el Tonto del Sombrero, como el mismo dice, con las entrañas en procesión.

Tras un cariñoso recuerdo al paisano Bunbury, y por unanimidad sobre las tablas, Del Martillo al Agua es coronado como el tema más feo y raro de la noche.
Raro de cojones, diría yo, pero no más que el tener a tres maestros a escasos metros y no poder acercarse a ellos todo lo que quisiésemos.
Canciones raras para tipos raros viviendo tiempos raros.

El cierzo que compartimos con los vecinos navarros nos trae Malnacido, con los maestros Juanito y el Pete recreándose, y al señor José Carlos descubriendonos el mejor epitafio para la puerta de nuestro futuro hogar.

Nos adentramos en la parte más animal del show, en la que, a falta de fuegos artificiales y cañones de confeti, el maestro tira de AliExpress y hace sudar la gota gorda a los dos hachas de las seis cuerdas que le acompañan.
Primero es El Pete quién se enfunda en una cabeza de caballo, plastiquera hasta la angustia, para destripar Corazón Equino, entre nuestros aplausos.
Le llega el turno de jugar a la ruleta rusa a Juanito, acercándonos la divertida Año del Conejo, perpetrado tras una cabeza de dicho animal, luchando por ganar una última Bocanada de aire.

AXL Rose tiene su botella de oxígeno tras el escenario, James Labrie los duelos entre Petrucci y Rudess, y nuestro Kutxi,… pues nuestro Kutxi se nos estaba meando, sin más, y nos pidió unos minutos para aliviarse y exhalar algo de nicotina y alquitrán.

Guardaba para la vuelta, y a los más incautos pilló fuera del recinto imitando al maestro, dos tormentas más con las que apaciguar la Marea.

De la mano del llorado Poeta rompemos los confinamientos temporales y lloramos por Rosa la de los Camborios, en una Ciudad de los Gitanos arrasada por las llamas, y a estas alturas de la tarde se hace ya difícil no rendirse ante semejante delicia.

Mucha mierda y Pan Duro a doble ración  llevan degustados los maestros, como casi cualquiera que se atreva a subirse a un escenario en este país sin haber pasado por el filtro de la caja tonta y sus talent shows, pero que siga el banquete por muchos años si los camareros tienen el arte que han reflejado esta tarde en Binéfar.

Ovación por todo lo alto, y alguna lagrimilla y año de más en la mochila, y el grupo calavera hace el primer amago de abandonar el escenario.

Tras un segundo escaso de parón, señal de las ganas que teníamos de su vuelta y ellos de volver, se suma al escenario una silla más, para recibir a un invitado sorpresa para la recta final del espectáculo.

El elegido esta velada es el bueno de Pedro, que curiosamente pasaba por allí esa tarde con sus Razkin, para recordar al eterno Javier Hernández, nuestro Boni.
Por Salir Corriendo a dos voces pone la piel de gallina a los que ya hace tiempo que no pintamos canas por falta de ramas verdes, y es que a veces, empiezan a pesar más las partidas que los años. La juventud muere cuando lo empiezan a hacer los héroes de tu niñez.

Continúa loco el contador de los años pasados cuando las primeras notas de Es Solo una Canción de Leño irrumpe sobre las tablas como un navajazo de nostalgia, directo a la yugular.
No sé si cualquier tiempo pasado fue mejor, lo que si estoy seguro, es que fue nuestro.

Segundo amago de retirada a toriles, y nos vamos dando cuenta de que lo que venga después, si algo llega, será un regalo.

Y como buen anfitrión, el maestro Romero, como despedida, nos regala su corazón.
No me Beses en la Boca, maestro, porque por usted yo mismo me encarcelo y tiro la llave al mar; No me Beses en la Boca, maestro, porque a una señal suya mi propia tumba empezaría a cavar.
Béseme usted en la boca, Maestro, porque aunque yo no soy de nadie, siempre seré de vos.

Pd.: Si te has acercado hasta nuestro post seguramente lo habrás hecho desde la inconsciencia natural del seguidor del Maestro, que no entiende como la voz desafinada en si bemol de un peón de albañil puede hacerle perder la cabeza a cada palabra que vomita el compadre.
Si te has acercado a nuestro post no habrá sido buscando fríos datos de asistencia al concierto, orden de las canciones o temperatura ambiente y presión atmosférica dentro de la sala.
Si te has acercado sabrás perdonar la parcialidad de este humilde chupatintas,  pero es que, si te has acercado a este post, que te voy a contar que ya no sepas…

Redacción: Carlos G. Citoler

Primera parte:

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