Crónica RAZKIN (6 Febrero – Binéfar)

Crónica RAZKIN (6 Febrero – Binéfar)

La noche empieza a la intempestiva hora de las cinco de la tarde, con tres valientes que salen a plena luz del día a ganarse el respeto de un público que todavía está acabando de llenar el recinto.
No lo entiendo, y más, visto lo que Razkin nos ofreció sobre las tablas, la verdad…

Cara o Cruz rompe el hielo, no sin antes tirar de nostalgia y aprovechar la presentación para que el bueno de Pedro nos refresque la memoria sobre la última vez que visitó la Villa, de la mano de La Fuga, cuando éste era un planeta habitable y la noche nos confundía a todos.
Tema pegadizo, que en acústico gana enteros y se convierte en un auténtico caramelito.

Franqueado por Raúl y Naiara, Pedro va deshojando su trabajo debut, vistiendo cada tema con la historia que lleva detrás, consiguiendo que, a varios metros de distancia, por temas obvios, los hagamos un poco más nuestros.
Andrómeda nos lleva de viaje a las estrellas, para demostrarnos lo pequeños que somos, y lloramos por las resacas pendientes de este Uno de Enero sin cobrar.
Enorme trabajo de Raúl, pasando de las cuatro a las seis cuerdas cuando el tema lo demanda, y demostrando que el bajo, ese instrumento que habitualmente lleva colgado un señor en algún rincón del escenario, tiene mucho que decir.
El Hostal desnuda la cruda realidad del rock en este país, lejos de los focos y grandes estadios.
Pero qué haríamos los allí reunidos aquella tarde, que como tan bien nos recuerda la letra del tema, teníamos la cabeza en los ochenta y pasados los cuarenta, sin estos modernos trovadores que muy de vez en cuando se dejan caer por nuestros dominios.

Todo está cambiando a una velocidad endiablada en este loco planeta, y el mundo de la música no es una excepción.
La vieja fórmula de disco-gira-disco-gira no sirve en estos aciagos días, y Razkin lo saben bien.
Pese a que su disco debut data de principios del año pasado, y con una pandemia de por medio, la cabecita de Pedro no ha dejado de maquinar durante estos confinados meses, y muestra de ello son Sucia, tema inédito con el que nos regaló los oídos, y Normalidad, último lanzamiento del cántabro.
Que bien estaba esa vieja normalidad, Pedro, por que no nos avisaste antes…

Que Nadie Apague tu Luz nos zarandea y abre los ojos con una Naiara soberbia a las voces, luciéndose además con una coreografía muy acertada. Fue el único momento del espectáculo en el que su sempiterna sonrisa se ensombreció.
Otro caramelito de tema que da que pensar.

Como bien nos cantan Razkin, si se quiere, se está, y estamos llegando al final del concierto, no sin antes hacer Malabares, con un estribillo que nos invita a levantarnos de las sillas y empezar a bailar, aunque por desgracia tengamos que conformarnos con dejarnos la garganta haciendo los coros.

El broche final a la tarde lo pone Polizón, tema con el que Razkin se presentó en sociedad y que es el elegido para despedirse de Binéfar, esperamos todos que de forma temporal.
Un muy buen sabor de boca nos dejan los cántabros con este final por todo lo alto con uno de los temas más pegadizos de su colección.

Inicio de una tarde de rock por todo lo alto, con un invitado que había dejado el listón muy alto, y que sin duda convenció a quienes, como este humilde servidor, no habían tenido hasta hoy la suerte de cruzarse en su camino.
Si el barco de Razkin se dispone a zarpar, con las alas bien abiertas, planeando bajo el sol, este humilde grumete no tendrá duda de colarse como polizón.

Redacción: Carlos G. Citoler

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